Otras Voces, Otra Historia

El “Nuevo” ISSSTE

  • Escrito por  Luciernaga Real

La historia de mi experiencia —que aún continua— con el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE), empezó 19 de marzo pasado cuando al llegar a la escuela de Instituto Politécnico Nacional (IPN) donde laboró como profesora, caí accidentalmente sobre la banqueta. El golpe fue tremendo y me ocasionó una hinchazón en mi brazo derecho, cerca de la muñeca.

 

Inmediatamente, el servicio médico de la escuela me envió al Hospital Rubén Leñero (el cual pertenece al servicio de salud del Distrito Federal). Pensé que ahí, en la sección de urgencias, me tardaría un buen rato con el dolor; pero no, en 40 minutos salí con dos kilos de yeso sobre mi brazo debido a que, según me explicó el ortopedista, sufrí una fractura distal en el radio.

Todo el servicio fue gratuito. Hasta ese momento no pensé hacer uso del servicio de urgencias del ISSSTE, ni siquiera estaba dada de alta en la clínica que me corresponde, ya que había sido afortunada y nunca pedí licencia en el trabajo por algún accidente o enfermedad.

Pues bien, como desde ese momento quede incapacitada para laborar, al IPN le tenía que comprobar a través del ISSSTE la fractura de mi brazo para cobrar mi raquítico sueldo quincenal de “pobre-sora”. Así lo pensé hacer, sin imaginar que me esperaba un verdadero calvario para tener una consulta médica (familiar) en dicha institución médica.

El primer paso fue presentarme a la clínica que me corresponde, de acuerdo a mi domicilio resultó ser la clínica de Pantitlán, en el Bordo de Xochiaca, territorio al oriente del Estado de México que por años fue tiradero de basura.

El Bordo continúa siendo una de las zonas más pobres del estado a pesar de que a un grupo de empresarios, encabezados por Carlos Slim, se les ocurrió la grandiosa idea de instalar ahí la zona comercial Ciudad Jardín Bicentenario, un “mall de primer mundo” inaccesible para muchos de los habitantes del lugar.

Al llegar a la clínica, cuál fue mi sorpresa (¡creí era una broma!) cuando vi el nombre: “El Nuevo ISSSTE”, así, escrito con letras muy grandes en la pared más alta y visible del complejo.

En fin, para nadie es una sorpresa que algunos de los trabajadores de este tipo de dependencias son famosos por su actitud déspota hacía los usuarios, solo te dan la mínima información y se retiran, ¿a dónde?, no lo sabemos, pero regresan y ahí seguimos esperando por más información para iniciar los trámites.

En mi caso tenía que pasar a revisión con un médico familiar para que me tramitara una licencia. Solicite una cita y la respuesta fue: “no hay, por hoy se acabaron, regrese mañana”. Tenía que volver al día siguiente y formarme desde las 5 am para ser una/o de las/os afortunadas/os para obtener la cita en el turno matutino, y si esto no pasaba, seguir formada hasta las 10:30 para el turno vespertino.

Cabe recordar que hacer la cita por vía telefónica me resulto imposible, ya que al hablar siempre era la persona número 100 en esperar al teléfono.

Pues ahí voy, a formarme y esperar. Ya en el ocio que resulta por estar en la fila, se ven cosas interesantes. Me di cuenta de muchas cosas que evidencian el paupérrimo servicio. La pregunta de los 64 mil, ¿por qué tanta gente en las salas?, bien, porque no hay médicos suficientes o no hay clínicas suficientes, pueden ser las dos.

Ahora sé que un médico está obligado a brindar atención a por lo menos 25 pacientes por turno, es decir, cuatro pacientes por hora, un paciente por cada 15 minutos. ¿Eso está bien?, ¿pueden evaluar a alguien en ese tiempo?, ¿y la revisión física?, ¿y si es un enfermo crónico o con un padecimiento grave?.

Mi médico no volteó a verme, nunca me reviso el brazo ni me preguntó cómo me sentía, solo se dedicó a hacer el papeleo de la licencia médica. Además, llegue a la hora que me programaron la cita y la atención llegó dos horas después. Para obtener mi licencia perdí un día, por la mañana obtuve la cita y por la tarde me dieron el papel para llevarlo al IPN.

Mientras eso ocurría, en la Sala de Espera, ancianos con deteriorado estado de salud, acompañados por su esposo o esposa, según el caso, y en raras ocasiones por gente joven, aguardaban la atención médica, no sin reprendas por no entender las instrucciones. También ubiqué a pacientes con una incapacidad física o con retraso mental, que no podían hacer uso de una silla de ruedas, ya que la clínica no contaba con éstos aparatos.

Debido a mi fractura, además de visitar el “Nuevo ISSSTE”, tenía que revisarme un especialista. En mi caso, sería en la clínica de especialidades Leonardo Bravo. Ingenua, pensé que en la misma semana del accidente podría ser atendida; sin embargo, la espera para programar una cita fue de dos semanas. Luego, me programaron una revisión para el 27 de mayo del próximo año, ya que el servicio es muy demandado, según me dijeron por teléfono.

“Me quedaré con el yeso un año”, pensé.

La ultima: después de seis semanas con el yeso, no me pueden revisar ni en la clínica familiar, debido a que no hay servicio de Rayos X, “váyase con el Dr. Simi y regresé la siguiente semana”, me dijo mi médico.

Este es el nuevo ISSSTE, y quizá no conozca lo más grave de esta institución que, según afirma en su página de internet: “es, y seguirá siendo, pilar del patrimonio de muchos trabajadores y derechohabientes en lo que a la seguridad social mexicana se refiere”..