Otras Voces, Otra Historia

Claro que recuerdo ATENCO

Aún está presente en nuestra memoria la violencia ejercida desde el Estado mexicano el 3 y 4 de mayo de 2006 en contra del pueblo de San Salvador Atenco, el cual se niega a ser parte de la geopolítica empresarial.

El 3 de mayo de 2006 me encontraba con una compañera en CU (Ciudad Universitaria); eran aproximadamente la una de la tarde cuando en la radio de un puesto de comida escuchamos las noticias sobre los enfrentamientos en el municipio de Texcoco, en la carretera México-Lechería.

 

En ese momento, mi compañera me dijo: “vamos a llamar a los demás compañeros del colectivo, para ver de qué forma nos solidarizamos con los compas de Atenco”, a lo que asentí de inmediato, ya que como adherentes a la Sexta Declaración de la Selva Lacandona y simpatizantes del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra (FPDT) de Atenco, sabíamos que “si tocan a uno, nos tocan a todos”.

Minutos después de comunicarnos, acordamos reunirnos en una casa para intercambiar información de lo que estaba sucediendo y evaluar de qué forma podíamos apoyar. Ahí, escuchamos los primeros informes en la radio: 

  • El día 2 de mayo en reunión con el  presidente municipal de Texcoco, de extracción perredista, llego a un acuerdo con los floristas de Texcoco y el FPDT, para seguir vendiendo sus flores en las inmediaciones del mercado, por lo cual retiraría a la fuerza pública que hasta entonces impedía a  los floristas seguir vendiendo
  • 3 de mayo. A las 7:00 horas, inspectores y policías municipales del ayuntamiento de Texcoco,  Estado de México, impidieron a vendedores de flores instalarse afuera del mercado municipal; los comerciantes eran acompañados del FPDT, reconocidos por su lucha en contra del proyecto gubernamental del Aeropuerto internacional de la ciudad de México.
  • La llegada de los pobladores de Atenco es repelida por la policía municipal, que con lujo de violencia  obligaron a los floristas y al FPDT a refugiarse en una casa que sirve de bodega. La policía entro y tomo presos a floristas y miembros del FPDT. Un operativo para reubicar a los comerciantes terminó en batalla campal entre los policías, los vecinos de Texcoco y Atenco.
  • Los pobladores de respondieron bloqueando la autopista Texcoco-Lechería (delito federal), enfrentando a la policía y reteniendo a funcionarios del gobierno del Estado de México  (privación ilegal de la libertad, otro delito) para obligar a las autoridades a liberar a sus detenidos.

Después, ya con todos los compañeros de mi colectivo presentes, vimos las noticias por la televisión y observamos como los locutores del noticiario “Hechos” de TV Azteca imploraban la entrada de la Policía Federal e incluso del Ejército, ya que “no se podía permitir tanta violencia de parte de los pobladores de Atenco a las autoridades que representan la ley”.

Estos “periodistas” estaban justificando la represión vendría después, estaban preparando a la sociedad para los excesos de fuerza que se aplicarían y disuadir a quien quisiera solidarizarse con los “macheteros”, haciéndolos ver como vándalos. Las noticias seguían llegando: 

  • 15:45 horas  La policía intentó abrir el bloqueo de la carretera Texcoco-Lechería con 200 agentes que fueron repelidos por los manifestantes con palos, piedras, machetes, cócteles molotov e incluso una pipa de gas.
  • A las 18:00 horas el Secretario de Gobierno, Humberto Benítez, reportó 33 policías heridos y 31 participantes en el disturbio detenidos.

Aquellos “periodistas” nunca informaron que el niño asesinado, Javier Cortés de 14 años, fue muerto por una herida de bala de un agente de la policía. Eso no era noticia, así como no lo era informar que muchos de los policías iban armados y estaban autorizados a usar las armas a discreción.

Compañeros de otros colectivos nos informaron lo que sucedía en Tlatelolco, en el mitin que realizaba el Subcomandante Marcos y La Otra Campaña. En ese lugar se hizo un llamado a la solidaridad con Atenco, nosotros decidimos responder.

Una parte del colectivo decidimos ir a San Salvador Atenco, otra parte de los compañeros se quedaría para monitorear lo que sucedía en los medios.

En un vocho modelo 75 —prestado por un compañero— iniciamos el recorrido hacia San Salvador Atenco, el cual era de aproximadamente 1 hora desde nos encontrábamos. Llovia intensamente. Con nada más que la firme convicción de apoyar a nuestros compañeros, un suéter y una cajetilla de cigarros, iniciamos el recorrido hacia un poblado cuya lucha es uno de los más claros ejemplos de dignidad.

Luego de dejar el carro estacionado en una gasolinera debido a que la carretera estaba cerrada en un punto, caminamos hacia Atenco,  durante el camino especulábamos sobre lo que sucedería al día siguiente, sabíamos que las fuerzas policiacas harían acto de presencia; nunca imaginamos la magnitud.

Con la luna alumbrando nuestros pasos vimos la primera barricada, la calle cerrada con llantas y leños en fuego; a gente del pueblo y compañeros solidarios. Ante tal unión, un escalofrío recorrió mi cuerpo. El sentimiento que me produjo aún me acompaña.

Llegando al centro, en las afueras del auditorio, doña “Trini” daba los primeros informes de la mañana sobre lo acontecido hasta el momento, exigía la libertad a los compañeros presos, así como el castigo a los asesinos del menor Javier cortés.

De rato, un compañero  llego corriendo al centro para avisar que se estaba preparando un operativo policiaco para entrar al pueblo, por lo cual se hizo un llamado a reforzar  las barricadas, se oyeron cohetes que informaban de esta alerta.

Hicimos un recorrido con compañeros del FPDT por el pueblo, las diferentes entradas estaban cerradas con barricadas, y en todas ellas se mezclaban compañeros del poblado con jóvenes universitarios, integrantes de organizaciones sociales y adherentes a la Otra Campaña. Como siempre, en la primera línea de batalla, los compañeros más combativos estaban preparados con sus bombas molotov y un sinnúmero de piedras.

La madrugada se vestía con una tensa calma, se acercaba el amanecer del 4 de mayo. En una conversación con los compañeros del colectivo decidimos retirarnos antes de que amaneciera. Acordamos regresar por la tarde a seguir con las guardias. A las 5:30 am salimos del pueblo. Llegamos a la gasolinera donde dejamos el vocho.

Me separé de mis compañeros para comprar cigarros. Cuando regresé, vimos cómo un camión de pasajeros pasó a gran velocidad, después otro y otro más. Contamos 10. Aquello nos pareció extraño pues la carretera estaba cerrada. De pronto, camionetas de la policía estatal pasaron detrás de los autobuses, alcanzamos a contar 30. Caímos en cuenta que los camiones iban atiborrados de policía. El operativo contra Atenco estaba en marcha.

Quedamos fuera del cerco, libramos el operativo por cuestión de minutos. Cientos de policías estaban a nuestro lado, algunos entraban y salían del Oxxo en la gasolinera. Nos paralizamos, no sabíamos que hacer. De repente, un compañero propuso avisar a los compas de Atenco que la policía iba para allá.

—¿Quién tiene crédito para llamar? —alguien preguntó y nadie traía saldo, excepto un compañero, que llevaba una tarjeta ladatel con 10 pesos. —Hay que ir a hablar, ¿dónde está el teléfono público? —dijo alguien más. Cuando nos dimos cuenta que el teléfono más cercano estaba al otro lado del puente del lugar donde nos encontrábamos alguien exclamo: “¡No mames!, eso implica pasar al lado de los puercos”. Un frio recorrió nuestros cuerpos.

Al primer voluntario para ir a hacer la llamada se le sumó uno más y luego todos. No obstante, nos percatamos que aquello no era buena idea, así que decidimos que solo dos fuéramos (incluyéndome). Nos acercamos al grueso de policías y cruzamos. Alrededor de ellos un grupo de curiosos trataba de averiguar que pasaba, estábamos a poco más de dos kilómetros de la entrada de Atenco.

El compañero que nos respondió la llamada nos dijo que la batalla había comenzado, que la policía ya ingresaba al poblado. Nos recomendó volver a la ciudad de México y difundir lo que estaba pasando.

Una vez en la ciudad, vimos por televisión la brutal represión, no lo podíamos creer, las imágenes que veíamos, acompañadas de las crónicas de los locutores de Televisa y TV Azteca dando gracias al Estado por “restablecer la legalidad”.

El Estado estaba perpetrando un operativo con una violencia inusual, pero además estaba permitiendo que se televisara en vivo, mandando un mensaje claro, “nadie va a desafiar al gobierno, y quien se atreva a hacerlo, estas son las consecuencias”.

Lo anterior marca uno de  los hechos de represión masiva más significativos del periodo de la alternancia panista en el poder federal y del poder estatal comandado por el priismo a través de Enrique Peña Nieto.

Horas después fuimos al local de UNIOS (organización social adherente a la Sexta Declaración de la Selva Lacandona) donde hubo una reunión de emergencia de la Otra Campaña. Se decidió hacer una marcha al día siguiente de Texcoco a San Salvador Atenco, la cual fue multitudinaria.

El saldo de esos días de violencia de Estado son: el asesinato de Alexis Benhumea joven universitario de 20 años de edad y Javier Cortés de 14 años de edad, la detención arbitraria de 207 personas -entre ellas 10 menores de edad-,  la expulsión de cinco extranjeros y violaciones sexuales a 26 mujeres, caso llegaron a  Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

Desde ese 3 y 4 de mayo de 2006 se han mostrado innumerables muestras de apoyo, tanto nacionales como internacionales, a los pobladores de San Salvador Atenco y a todos los violentados.

A siete años de estos graves hechos y con Enrique Peña como presidente del país, la justicia no se ha hecho patente.

Es importante no olvidar lo sucedido en San Salvador Atenco, Oaxaca, Guerrero, Michoacán, Chiapas y ahora en la UNAM, ya que son procesos que han costado sangre y lágrimas pero también de ellos hemos aprendido mucho. Seguramente son antecesores de un gran movimiento que cambiara este país. Claro que Recuerdo Atenco.