Otras Voces, Otra Historia

La logística de David

  • Escrito por  Amadeo Martínez Inglés

Estimados amigos, compañeros, republicanos, demócratas y ciudadanos en general de esta doliente España de la corrupción, el pelotazo, la morosidad sobrevenida, la partitocracia, la transición de nunca acabar, el escarche, la mayoría absoluta del indolente Rajoy y el reinado del divino cazador de elefantes (y señoras de buen ver), señor Borbón (de los Borbones de toda la vida, desgraciadamente):

 

Dice un refrán español muy popular que “En la guerra, como en el amor, todo vale” y aunque modernamente se le están poniendo ya algunos reparos éticos y morales a tan sabio proceder (eso tan generalmente admitido de que “El fin no justifica los medios” con sus despreciables derivadas perseguidas hoy con ahínco por el TPI: crímenes de guerra y de lesa humanidad), la realidad es que en mi particular caso, estando como estoy inmerso en una dura guerra sin cuartel contra la obsoleta y ridícula monarquía española (que ahora nos enteramos de que, como el divino Bárcenas, tenía y, seguramente tiene, cuentas secretas en Suiza) y contra el inmenso poder del aparato represor de este Estado fallido postfranquista en el que todavía malvivimos los españoles, no me queda más remedio que dejarme de bobadas operativas y de timideces personales y tratar de concitar a mi alrededor toda clase de apoyos necesarios y suficientes para conseguir la victoria final. La lucha promete ser larga, enconada, el enemigo, es cierto, está débil, cansado y herido pero por eso mismo resulta más peligroso, y sería estúpido por mi parte que, además de planificar y dirigir las operaciones, pretendiera encargarme yo solito también de la logística y las vituallas y las pagara exclusivamente de mi bolsillo. Un encanto de estratega y de general en jefe para cualquier ejército que se precie pero alejado de la realidad crematística del momento.

Hace ya algunos días, en mi último artículo redactado en la presente Semana Santa, me permití recordar al respecto una famosa cita de Napoleón: “Las guerras se ganan con dinero, dinero y dinero”. Y es cierto, aunque modernamente los estrategas militares hayamos completado y matizado la reflexión con esta otra: “Las guerras modernas se ganan con logística, logística y logística” Y así es. En cualquier operación importante un ejército enmienda en pocas horas y casi sin coste estratégico cualquier error táctico. Un error estratégico cuesta mucho más tiempo y esfuerzo corregir y casi siempre con importantes daños colaterales pero no invalida al cien por cien el éxito de la acción. Sin embargo, un grave error logístico y del perfecto cálculo de las necesidades de todo tipo que se deben poner a disposición de las tropas, desemboca en muy pocas jornadas en un desastre operativo total.

En la peculiar guerra en la que en estos momentos, querámoslo o no, estamos inmersos los republicanos españoles en general (esto ya no tiene vuelta atrás, amigos, o ellos o nosotros. La historia de España debe hablar y pronto) el enemigo Goliat (el cojo Goliat, para entendernos) dispone de un numeroso Ejército (soldados, alabarderos, funcionarios, guardias, mayordomos, estiralevitas, pelotas, camareros, amigas entrañables, limpiaescopetas, mecánicos de cadera… etc, etc) pero sobre todo, y esto es lo más importante, maneja una abundante logística pecuniaria (ocho millones y medio de euros en mano y más de quinientos en especie, además de los presupuestos generales del Estado que están en bloque a su servicio). En estos momentos, su osado oponente de primera línea, el pequeño y temerario David de la pluma y de la espada (a mí que me registren), que acaba de recibir un enorme y estéril zarpazo de fiera herida por parte de la vanguardia judicial del antes poderoso monarca del yerno de oro, sólo dispone de lo que lleva puesto, de su moderno uniforme de combate, de su moral de victoria inasequible al desaliento, de su fiel y mortífera honda y de una magra logística de supervivencia. Urge, pues, que entre todos los combatientes republicanos que nos aprestamos a la lucha final, le consigamos los pertrechos logísticos que necesita para aguantar la acometida y, si es posible, para renovar su honda y sus pétreos proyectiles con el fin de que de un certero golpe final pueda tumbar cuanto antes a nuestro común enemigo.

Me dejo de retórica, amigos. Ahí va la cuenta corriente que muchos compañeros y amigos me habéis pedido. Solo estará abierta hasta alcanzar la cantidad de euros necesarios para aguantar la acometida de la fiera judicial monárquica. Es decir, hasta el momento, ocho mil quinientos. Después, vosotros decidiréis. Y, por supuesto, la transparencia será máxima y los números a disposición de cualquiera que quiera saber sobre ellos.

Bankia: 2038 2259 57 6000493143

Un abrazo, amigos. Y os diré un secreto. Sin logística, también se puede ganar. Hace ya muchos años que un tal Viriato lo demostró.